Solo deberían escribir las viejas aburridas y los cobardes, dado que escribir es buscar excusas laterales, recorrer la congoja de la autocomplacencia. Poblar la madrugada con suspiros demográficos.
El mercado vigila y designa nuestras perspectivas y cada uno de nuestros gestos. Los adolescentes, las viejas aburridas y los cobardes serían capaces de no verlo así. Ellos tienen esperanzas, ambiciones y un par de libros-insignias que muestran o citan cada tanto, para que algún imbécil de baja estofa los mire con éxtasis o admiración. La juventud apenas es un estilo de vida.
Me cansé de esos y esas idiotas que curran con la tristeza. Los pobres fornicamos, escuchamos cumbia y nos reímos hasta vomitar. Métanse esos libros y películas de mierda en los bolsillos. No los necesitamos. Habría que cerrar esas estafas espirituales que son las universidades de humanidades, cine, música y todos esos fiascos institucionales.
Necesito estar solo y furioso. La compañía y el afecto me pesan tanto como esos textos de morondanga que destilan resentimiento, odio de clase, mezquindad. Prolijos, vacíos, muertos. He visto y leído demasiado. Tal vez por eso prefiero quedarme anclado en el errante murmullo de una ciudad hecha y derecha como Buenos Aires. La próxima vez que tenga entre mis manos un libro de viajes (del estilo Caparrós) será porque en mi baño faltará papel higiénico.
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El mercado vigila y designa nuestras perspectivas y cada uno de nuestros gestos. Los adolescentes, las viejas aburridas y los cobardes serían capaces de no verlo así. Ellos tienen esperanzas, ambiciones y un par de libros-insignias que muestran o citan cada tanto, para que algún imbécil de baja estofa los mire con éxtasis o admiración. La juventud apenas es un estilo de vida.
Me cansé de esos y esas idiotas que curran con la tristeza. Los pobres fornicamos, escuchamos cumbia y nos reímos hasta vomitar. Métanse esos libros y películas de mierda en los bolsillos. No los necesitamos. Habría que cerrar esas estafas espirituales que son las universidades de humanidades, cine, música y todos esos fiascos institucionales.
Necesito estar solo y furioso. La compañía y el afecto me pesan tanto como esos textos de morondanga que destilan resentimiento, odio de clase, mezquindad. Prolijos, vacíos, muertos. He visto y leído demasiado. Tal vez por eso prefiero quedarme anclado en el errante murmullo de una ciudad hecha y derecha como Buenos Aires. La próxima vez que tenga entre mis manos un libro de viajes (del estilo Caparrós) será porque en mi baño faltará papel higiénico.
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Por suerte, estoy llegando a la mitad de mi vida. No soportaría muchos años más de esta porquería, de estos guardianes de lo establecido. Me retiro cantando bajito, organizando mis actividades para ver una pelea de boxeo, ordenar la casa y comprar manteca. Para sacar de un estante a la vieja Antígona y volver a deslumbrarme con ella. Será un acto tan efímero, personal y placentero como fumar un cigarrillo de marihuana en el rincón más energético de mi cuarto.
HASTA LUEGO Y SALUD PARA TODOS
PARA VOS...
ResponderEliminarhttps://docs.google.com/View?id=d9wjsm6_0d57rnqd2
ES GROSA! Y BIPOLAR JEJE
Estoy más cerca de la esquizofrenia que de la bipolaridad. Ah, y tengo que hacerme estudios para ver si soy celíaco. Así que voy a ver de qué se trata eso que pasó. No obstante, me provoca mucha perturbación saber que ganó algunos premios. Las palmaditas en los hombros son más nocivas que una patada en el culo. Abrazo. Diego.
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