
Salí a caminar y una paloma enferma me acompañó dos cuadras. Planeaba cuando la dejaba atrás, y le daba a las patitas cuando estaba delante de mí. Desconozco si fue un llamado extraño del mundo o sólo un hecho fortuito.
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Cuando era niño y estaba muy cansado, solía ver insectos deformes. De grande tuve que dibujar uno y recibir el dibujo del otro para que volvieran a aparecer. Para que no me dejaran solo con mi incipiente adultez.
No sólo los anónimos me piden que escriba con más frecuencia. También el compañero bravucón me exige desestimar lo que él considera mi falsa modestia y dedicarme a un proyecto de escritura que valga la pena. Hace siglos que no consumo una lectura interesante, salvo algunas del compañero empedernido. Me aburro con notable frecuencia cuando repaso mis lecturas de los últimos dos años. Tendré que volver a mis triángulos académicos: Baudelaire, Hölderlin, Agamben, Bataille, Elias, Benjamin. Tapiar mis ventanas, examinar cada letra impresa. Jugar, bailar, estirar los límites de la compulsión. Fornicar, sin rastros de ansiedad, con esos textos, para hacerme el erudito de zócalo y ponerle pimienta a mis dedos.
No creo que se pueda escindir mi estado de ánimo de los textos que escribo, al menos en este espacio. A mi vida le faltaba un parque y otros excesos, desbordes químicos y corporales. Sentir el fluido de mi sangre rabiosa a través de un abrazo entregado a otro cuerpo. Me siento fuerte y pleno. Cada vez más fuerte y cada vez más seguido.
Me interesan los textos y las personas que meten el dedo en el enchufe, que arriesgan y esquivan el frasco donde los quisieron meter. Mi enemigo íntimo y su armónica alegría de montaje. Las niñas de la avenida Santa Fe. El señor que vive en Banfield y se burla de mis ojos saltones. Mi amiguita artista (la única artista que conocí en mi vida), que me obsequió un recuerdo de la noche: el dibujo que alumbra el posteo. Esa extraña mujer que se hace llamar mi hermana. El compañero amargado. La virulenta amiga que me golpeó con una infusión de peperina. Esos raros y raras personas de acento encantador. Y otros tantos que se multiplican según pasan las horas.
Miro alrededor y observo los afectos continuos y eventuales que me rodean. Intuyo a quienes dejé atrás. Comprendo, de ese modo, que sé tomar las decisiones correctas y que soy un afortunado. Descubro que no tengo muchas ganas de publicar aquí. Sólo tengo deseos de vivir hasta que los designios del universo me arrastren de nuevo hacia la fría ingravidez de mi cuerpo. Recién entonces volveré a perderme en la brumosa primavera del desencanto.
No creo que se pueda escindir mi estado de ánimo de los textos que escribo, al menos en este espacio. A mi vida le faltaba un parque y otros excesos, desbordes químicos y corporales. Sentir el fluido de mi sangre rabiosa a través de un abrazo entregado a otro cuerpo. Me siento fuerte y pleno. Cada vez más fuerte y cada vez más seguido.
Me interesan los textos y las personas que meten el dedo en el enchufe, que arriesgan y esquivan el frasco donde los quisieron meter. Mi enemigo íntimo y su armónica alegría de montaje. Las niñas de la avenida Santa Fe. El señor que vive en Banfield y se burla de mis ojos saltones. Mi amiguita artista (la única artista que conocí en mi vida), que me obsequió un recuerdo de la noche: el dibujo que alumbra el posteo. Esa extraña mujer que se hace llamar mi hermana. El compañero amargado. La virulenta amiga que me golpeó con una infusión de peperina. Esos raros y raras personas de acento encantador. Y otros tantos que se multiplican según pasan las horas.
Miro alrededor y observo los afectos continuos y eventuales que me rodean. Intuyo a quienes dejé atrás. Comprendo, de ese modo, que sé tomar las decisiones correctas y que soy un afortunado. Descubro que no tengo muchas ganas de publicar aquí. Sólo tengo deseos de vivir hasta que los designios del universo me arrastren de nuevo hacia la fría ingravidez de mi cuerpo. Recién entonces volveré a perderme en la brumosa primavera del desencanto.
(dijo DIEGO)
AQUI PASANDO LA DEL ACENTO ENCANTADOR JAJA BESOS DIEGO ME ENCANTA COMO ESCRIBIS!
ResponderEliminarSíp, Eliz, ni más ni menos. Ese acento tuyo debería recibir el premio nobel de la paz. Gracias por tus palabras. DIEGO
ResponderEliminarSoy feliz al leerte feliz y verte colorido
ResponderEliminarUn abrazo grande
Son los efectos de un viernes a la noche, Julieta. Por eso los colores y mi felicidad.
ResponderEliminarOtro abrazo para vos.
como yo soy bien copieta, me hice un blog! jaja la astrologa elyz!
ResponderEliminarJajaja... brindo por ello. Tengo que renovar urgente mis lecturas internautas, así que allá voy.
ResponderEliminarEncantadores personajes integran el elenco de su obra de teatro llamada vida :-)
ResponderEliminarGracias, c@rito, es usted lo máximo. ¡Qué tiempos aquellos! Todavía se me caen las sonrisas. Abrazo grandototote.
ResponderEliminar¡qué tiempos los que nos esperan! the best is yet to come...
ResponderEliminarUd. es lo más de Zamora...
:-)
Divina, c@rito. El futuro está ahí, casi delante del horizonte. Gracias por rondar este sitio infestado de maleducados. Y gracias por alentar ese mañana que asoma. Muy agradecido.
ResponderEliminarVendré seguido a dejar mi huella y a sacarlo a bailar...
ResponderEliminarGracias a usted por dejar la puerta abierta y dejarnos espiar.
Espero sus huellas con atención. De bailar veremos, soy casi tan malo como escribiendo. Pero no me doy por vencido: sigo escribiendo, así que habrá baile nomás.
ResponderEliminarAlguna vez mi bisabuelo de 115 años le dijo a un periodista que lo fue a entrevistar porque era un viejo re viejo: "Puede volver cuando quiera, en veinte años si lo desea, las puertas de esta casa estarán siempre abiertas".
"Al menos para algunos", hubiese agregado yo.
¡Abrazo, c@rito!