lunes, 7 de junio de 2010

A dos pasos


Lo lamento por ustedes, pero ayer amanecí sin tristeza ni depresión. Al menos hoy, no los castigaré con la implacable ductilidad de mis balbuceos. Sólo el odio, la incomprensión, la huella abúlica de una ausencia, movilizan el tejido sensitivo que reúne una palabra. El resto son bisuterías para los incautos. Lo siento mucho por ustedes, pero no estoy triste.

Tal vez mañana reavive el fuego de la discordia. Vuelvan a interesarme las cuitas de los déspotas, el derroche innecesario de los intrascendentes. Sin embargo, hace unas horas abrí los ojos y tuve una extraña epifanía. ¿Habré encontrado mi cabeza perdida? ¿Habrá vuelto ella después de una temporada en el infierno? Al cabo, abrí las ventanas, pulí y enceré el piso, compré unos afiches de unas publicidades viejas y embellecí la pared con el sesgado artilugio del consumo. El consumo es el vector que guía y protege nuestra existencia.

Estoy desintoxicado, dispuesto y ansioso. Con ganas de todo y organizando el pueril recorrido de mis deseos. Satisfaciéndolos uno por uno, otra vez. Si no estuviéramos en horario de protección a la legalidad, armaría otra lista caníbal (diría mi amiga de Rulos Frondosos) con las actividades que perseguiré y cumpliré como el buen hijo de mi padre que soy. Sin embargo, prefiero no herir el buen gusto y la moral de mis sensibles lectores.

El sol me acaricia. En el Parque Lezama estaré desayunando un café ambulante cuando ustedes terminen de leer esto. Por las dudas, no me esperen, es probable que cuando vuelva no sea la misma persona. Los textos y los hombres somos entidades en tránsito. Nómades por el llamado de nuestras entrañas. En un rato vuelvo. Si no les gusta la reiteración de mis ausencias, déjenme en paz. Y cuando se vayan, por favor, cierren la puerta sin hacer ruido.

(Dijo DIEGO)
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2 comentarios:

  1. Por favor, escriba con más frecuencia.

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  2. Gracias, Anónimo, haré lo que pueda. Pero sucede que, últimamente, tengo las cosas que necesito para no andar derramando cuitas. A mi vida le hacía falta un parque y otros detalles que no tengo ganas de andar confesando, pero que me hacen muy bien y me dejan pocas ganas de escribir. Abrazo.

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