
Algunos viven atrapados entre sus certezas. Inflexibles, amargados, aislados. Incapaces de sentir placer. Infelices crónicos. Sutiles para revelar aquellos mitos que luego serán derribados por sus propias y exentas manos.
Por eso aconsejan, elucubran, explican, citan, sentencian. Pero nunca renacen. Porque la muerte para ellos es un enigma de la misma estirpe que la metamorfosis o las ideas. Prefieren el halago externo, la palmada cómplice y ajena, una limosna del futuro.
Otros, en cambio, sucumben liberados en el desamparo. Volátiles, emotivos, corrompidos. Incapaces de negarse al encanto de las tentaciones. Dispuestos a succionar el fluido de la contingencia.
Por eso construyen, piensan, reclaman, producen, tensionan. Y siempre están renaciendo. Porque la muerte para ellos es una instancia de la misma alcurnia que la metamorfosis o las ideas. Prefieren el señuelo inexacto, el cachetazo perverso e imprescindible, el derroche incandescente de las entrañas.
Pero no hay que engañarse. Unos y otros son intrascendentes. Los que aconsejan y construyen. Los que citan y los que piensan. Los que aseguran vivir y los que viven renaciendo. Ninguno vale la pena.
Dice la profesora y amiga Laura que el mundo es un lugar relativo. Dice Laura y tiene razón. Expone la bella mujer que me enseñó casi todo y con quien compartí mi pasión por Dostoievski, Kafka, Borges y Bob Dylan. Todos viejos humoristas. Tan innecesarios como el peón del puerto, el empresario o el deportista de las tres cuadras a la redonda. Dice Laura que algunas relaciones significado-significante están viciadas de nulidad. Que nuestras herramientas para pensarnos son precarias. Que el lenguaje es una especie de escarbadientes para aprehender ese obelisco llamado realidad. Dice Laura y tiene razón.
Los hombres somos significantes vacíos en busca de consuelo: juventud, dinero, prestigio, éxito, felicidad. El problema fue haber dejado de buscar a otros hombres. Dicen que la solución es interna. Sin embargo, la autoayuda encuentra una rápida salida en el mercado como último horizonte de posibilidad. Será por eso que los hombres y las mujeres me resultan tan pedagógicamente aburridos. Tal vez por eso el significante que nos designa haya quedado a la deriva, moribundo y sin posibilidades de pedir ayuda.
Un frío y despoblado obelisco se nos viene encima.
(dijo DIEGO)
Entonces, si la solución es interna no hay que mirar autoayuda. Te propongo sentir con los ojos cerrados, esos que no ven una ciudad de mierda ni el camino que en ella se dibuja tan firme, tan real que resulta lo contrario. Ese no es tu camino.
ResponderEliminarHola Die!! te lo prometi y lo cumplo, shhhhh cero comentario en publico jajaa
ResponderEliminarQue nena mas buena que soy!! jajaja
Ahora en serio, me encanta cuando pones "Los hombres somos significantes vacíos en busca de consuelo: juventud, dinero, prestigio, éxito, felicidad. El problema fue haber dejado de buscar a otros hombres."
Cada dia mas impecable.
Te quiero monton
Ah! me olvidaba, te felicito por la casa. Que genial es San Telmo!
Titi
Usted es una falta de respeto para el oficio de poner palabras. Vende desgracia , pero sin embargo se instala en un sector de la ciudad donde abunda el lujo. Habla constantemente de infelicidad y sufrimiento,es claro que ese es su ardid para conseguir la consideraciòn del sexo femenino.
ResponderEliminarNo todo es color de rosa.
Julieta, la solución no es interna. De hecho, no hay solución. De todos modos, si existiera algo parecido a una solución te aseguro que no es interna, precisamente por eso no hay que mirar la autoayuda. No la desecho para nada, pero creo que se agota muy rápidamente y no se detiene lo suficiente en el "nosotros". Y no puedo cerrar lo ojos, Julieta, los tengo muy saltones como ese avestruz que me robó la identidad.Además, necesito de todos mis sentidos para, justamente, sentir en plenitud. Ojalá tuviera un camino, pero hace tiempo que me descubrí caminando a la deriva. Gracias por seguir por acá, mujer. Y gracias por tus palabras.
ResponderEliminarTiti: seguí así, portándote bien. Y sí, estoy convencido que nada de eso (juventud, dinero, éxito, prestigio, felicidad) tiene que ver con los hombres. Antes que autoayuda, necesitamos ayuda colectiva (o algo así). La casa bonita, le falta mucho pero va saliendo.
ANÓNIMOOOOO: Soy una falta de respeto para el oficio, usted lo ha dicho. No vendo desgracia, sólo expongo un sorbo de ella para mantenerme alejado de semejante territorio. Y sí, me instalé en un sector de la ciudad donde abunda el lujo. Tengo un gasto mensual de alrededor de 50 mil dólares, le tiro las sobras del caviar a los cartoneros y voy a la misma peluquería que un Juez de la Corte Suprema. Soy un privilegiado. Por cierto, hablo de infelicidad y sufrimiento como ardid para obtener la consideración de los árboles. El sexo femenino sólo me considera cuando le hablo de la peluquería del Juez de la Corte. Por cierto, las mujeres están ajenas al género "sexo femenino". Digo, las mujeres, o al menos a quienes considero tal, ni se fijan en semejantes nimiedades.
También es cierto, no todo es color de rosa, ni la de Paracelso lo era. Ahora es la zona prohibida.
Disfruto con estos comentarios, bendito anónimo. Me hacen reír mucho. Siga en el camino.
Abrazos por tres,
DIEGO