Tenemos un cuerpo, un par de palabras y hambre. Transitar esas aperturas implica un desgarramiento físico y discursivo. Intuir el eco de los pensamientos infantiles para extirparlos de nuestras vidas. Alejarse de quienes promueven la construcción de guetos mentales que sólo sirven para enjuiciar y entorpecer el mundo.
Generalmente, las personas que sueñan con un mundo mejor creen ser moralmente superiores al resto. Eso las hace tan intolerantes como aburridas. Además de incapaces para reconocer o promover una corriente creativa.
La memoria está sobredimensionada. Un cuerpo no olvida, procesa e interpreta la misma causa, el mismo recuerdo, bajo el conjuro de otros parámetros. Bien practicado, el olvido es un detalle lujoso, perverso y un tanto impío. El remanso de Ireneo Funes.
Cada partícula interesante de nuestra contingencia sucede en el terreno de lo furtivo. Allí descansan las palabras que sirven para transgredir el silencio propuesto por Dios. El hombre no debería llegar al mundo para cosechar éxitos, sino para estar alerta al entramado de su penumbra. Al gesto innecesario y perecedero de los relámpagos.
Llegamos al mundo para caminar incautos sobre el sopor de lo inestable. Para reconocer el fulgor de la carne y conectarnos con cada una de nuestras letras. Para no ceder ante el miedo de ingresar al sitio incorrecto. La zona prohibida.
Cuerpo, palabras y hambre.
De eso se trata el mundo. El resto son habladurías.
(dice Diego)
Cada partícula interesante de nuestra contingencia sucede en el terreno de lo furtivo. Allí descansan las palabras que sirven para transgredir el silencio propuesto por Dios. El hombre no debería llegar al mundo para cosechar éxitos, sino para estar alerta al entramado de su penumbra. Al gesto innecesario y perecedero de los relámpagos.
Llegamos al mundo para caminar incautos sobre el sopor de lo inestable. Para reconocer el fulgor de la carne y conectarnos con cada una de nuestras letras. Para no ceder ante el miedo de ingresar al sitio incorrecto. La zona prohibida.
Cuerpo, palabras y hambre.
De eso se trata el mundo. El resto son habladurías.
(dice Diego)
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Que alegrìa, compañero zanetti que halla vuelto a escribir en este espacio. ¡Y como siempre lo pensè! en un rincón , aguantando embates y devolviendo golpes.
ResponderEliminar¡Compañero!
ResponderEliminarDe a poco voy aprendiendo la técnica. Ya vendrán tiempos de dar y recibir golpes. Lo único malo es que empiezan a abrirse heridas en los nudillos y no quiero perder la sensibilidad en las manos. Para un afrancesado sería terrible. De todos modos, tenía usted razón, hay un animal por ahí adentro que está amaneciendo. Veremos si se anima a salir del todo.
Fuerte abrazo. También fue una alegría recibir su comentario,
Diego
Sí, me gustó, me siento identificada.
ResponderEliminarPero me hizo acordar inmediatamente a una frase burda (o a una filosofía de vida?) de un amigo que una vez me dijo:
"la vida es simple, todo lo que uno necesita es comer, coger y dormir...si tiene esas necesidades básicas resueltas es feliz)"
En su momento me ofendí y empecé a detallar cómo la vida no se limitaba a esas tres cuestiones bla bla bla
Pero ahora que pasó el tiempo y mirándolo desde otra perspectiva me parece que tan errado no estaba ese amigo...
Cuando uno piensa demasiado, analiza y recontra analiza...termina sintiéndose ahogado, quemado...y ante este estado nunca falla el cubrir alguna de las tres necesidades básicas para acomodar neuronas y descomprimir.
¿por qué su post (que está bueno) me hizo escribir toda esta huevada? No sé...
Saludos cordiales!
Gracias, Mujer Siniestra. Creo que depende del momento en que uno esté padeciendo o disfrutando. Supongo que siempre hay una interpretación dando vueltas, aunque también supongo que es más interesante retornar, moverse, producir, estudiar, amar. Vivir intensamente. Creo que dio en la tecla con el tema de las necesidades y aledaños.
ResponderEliminarSea bienvenida a este sitio infestado de maleducados. No será tan distinguido como su hogar pletórico de mandamientos, pero al cabo nos sirve para transitar el camino de la palabra, que no es mucho más que la dimensión del sueño, lo onírico, precisamente una de las necesidades básicas que su amigo mencionaba.
Le mando un abrazo y gracias por el piropo.
Diego