jueves, 17 de septiembre de 2009

Ni el tiro del final te va a salir

Te meto un tiro, dame la plata o te quemo acá nomás. Algo así dijo el petiso, que tenía el rostro menos creíble y más exaltado. Quería que se vayan o me pegaran el anunciado tiro. No soporto que hablen a los gritos, sin propiedad ni circunspección.

Llueve en Buenos Aires. Si esta ciudad es horrible, más lo es cuando el agua nos pasa por arriba. La pobreza convertida en espectáculo. Necesito volver a Baudelaire. Pisar la baldosa rota, entrar a un café para ver, mirar y observar el despliegue monótono y agresivo de nuestra contingencia.
Los tipos que me asaltaron se fueron sin presentarse ni saludar. Así es el mundo: indiferencia o agresión, pensé. Y de inmediato, sonreí por pensar semejante pavada. Las señoras que estaban conmigo me agradecieron por ayudarlos a finiquitar el trámite lo más rápido posible. No pude explicarles que mi tranquilidad, en verdad, era tristeza por algo extremadamente ajeno a esos individuos, a ellas y un poco a mí.

Sigue lloviendo.
.
(dijo Diego)
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario