lunes, 13 de julio de 2009

La última tentación de Diego

Un rumor nocturno somete esta luminosa tarde de bufanda. Hubiese preferido no leer detrás del sueño los síntomas de esta porfiada anemia. No escuchar el zumbido de la vigilia sobre los bordes de mi cama. Ni sorprenderme deletreando un balbuceo indefinido en el ripio del invierno. Estoy confundido, desperdiciando horas de sueño y algunas emociones imprescindibles.

Necesito un narcótico. Un elemento externo que restituya mi rugido.

Solía practicar yoga, conectarme con ciertas posturas y técnicas respiratorias que me abrían saludables grietas. Mi cuerpo mutaba, lentamente iba convirtiéndose en la corteza de un árbol adolescente. Entonces, nadie preguntaba por la raíz.

Pero ahora, mi carne reclama un filo que mencione mi carácter contingente. Un resoplido del purgatorio. Necesito llenar este silencio con palabras deformes, con el crujido de mis pies atravesando un charco pestilente. No se me antoja un té de frutas o jazmín. No me interesa acostarme en la tierra perfumada por la escarcha. Busco la mueca de un remedo, un trompazo elemental que enjuicie mi cara.

El beneficio del olvido es el remanso del hombre. Equivoca el camino quien supone que mi búsqueda es caprichosa. La fiera está alerta, el llamado de la penumbra le surcó algunos interrogantes. No es alimento lo que busca. Simplemente, el animal sueña con el cazador, con la hermética seducción de la clausura.

Cuando el día respingue su acto de contrición, no será difícil perderme. Tampoco será tan grave.
.
(dijo Diego)
.

2 comentarios:

  1. aguante hacer yoga, meditar, cantar mantras y todo lo que sirva para estar en eje...
    (sisi, me quedé con eso de todo lo escrito)

    ResponderEliminar
  2. Gracias, MS, cierto: aguante de verdad. Solía hacerme muy bien hasta que decidí que era momento de hacer un alto. Tal vez con el tiempo regrese a esas actividades. Nunca se sabe. Por cierto, ya con que se quedara con una letra de lo escrito bastaba. Abrazo. Diego

    ResponderEliminar