Tantas cosas para decir y ninguna que acompañe este sentimiento. Será que el placer derribó todos los controles que el lenguaje tenga para equilibrarnos. Quizás a medida que pasen los días, la memoria vaya haciéndose cargo del recuerdo para convertirlo en otra cosa. Esta cosa no será jamás olvido, sino que será la pintura que concentre aún más el color de lo que vendrá.
La maquinaria invade ciertos rincones que antes estaban vacíos, para reproducirlos y así abrirse paso. No desplazar es la meta, aprovechar cada centímetro como una enrredadera que no encuentra en las cornisas un obstáculo. Prestigio, privilegio, poder y otros, están invitados. Nosotros los esperamos para convertirlos en parte de la obra sin que lo noten. Cuando se den cuenta de lo que les pasó, ya no podrán volver a ser lo que eran. Deberán aceptar el cambio y elegir el camino. Para aquel entonces, abremos excedido nuestras vidas. Conizón sen tal confixo, tobadía di plego.
Tantos momentos que compartimos. Tantas cosas que pasaron y que van a pasar. Todas esas son parte de lo que está ahí arriba. Pensaba el sábado, con qué habrán pegado las láminas que siempre fueron un preciado tesoro en algún rincón de las tantas casas. Colocadas en una composición equilibrada, pero dinámica.
Entes que se miran unos a otros entre la oscuridad y el humo. El espejo se cae y se rompe en mil pedazos, en la voz de un actor que vibró frente a un micrófono ruso. De todas maneras, El sacrificio siempre fue lo más importante. Y para mi ahora, en cambio, es la Nostalgia. Estos auriculares no me encierran, si no que me colocan allá. Los vientos desconcentran a este náufrago. Pero algunos silencios, me recuerdan a la caminata interminable que estaba sobrada de respeto. ¿Cuándo habremos ganado este silencio que muchos otros no conseguirán jamás? ¿Qué hacemos acá, donde el poder se concentra y regula a través de la decepción hacia la vida? Las cadenas que se rompen son las que tienen eslabones más débiles que otros. Aquí todos se afirman tanto dentro de sí mismos, que parecen una sola cosa. Las filas ordenadas, recorren casi todas las esquinas. La uniformidad es heterogénea, pero excesivamente ordenada. Casi como un ensamble desafortunado, macabro, siniestro y desesperanzado. Mi pierna y la de muchos más, marca los acentos por debajo de la mesa. Nuestro pulso refuerza los bajos sin que lo notemos. Lo que no me sorprendió, fue que la acústica fue perfecta, cuando todos nos paramos.
Esta fue la primera vez que estuve abajo. Espero no sea la última, porque lo disfruté más que nunca. Excepto aquella vez donde fui parte en las luces. De todas maneras, mi lugar es arriba, sosteniendo la cinta que alguien está cortando, para alguien que va a pasar un pedazo a alguien, que, a su vez, se lo pasa a otro, que lo pega en una lámina, que se la pasa a otro ,que la acomoda, mientras alguien mira cómo debería ir. Este es el único lugar donde yo soy feliz haciendo esto.
¡Que exploten las rejillas y salgamos a luchar!
PD: Perdón por lo desafinado. Me sale así.
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(dijo Fabi acerca de SR)
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Che, este blog recomienda fervientemente "escuchar" a los amigotes de Fabi, Sig Ragga. Si por casualidad alguno de ellos está por ahí, me acaba de avisar Diego que no se preocupen, que los escuchó de rebote en Cuál es y les pareció mucho más interesantes y aplicados que raros.
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