lunes, 4 de mayo de 2009

Ópera prima

Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.
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("La rosa de Paracelso", Jorge L. Borges)

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