Me dice mi amigo y colega Fabián que este blog no acumula elogios entre sus conocidos. Yo le cuento que tampoco recibe muchas caricias de los míos. Nada de eso me angustia. Al cabo, una caricia sólo intenta arrebatarle a la carne su potencialidad conflictiva, volverla inerte. Un elogio no debería moverme un pelo.
Una alabanza es apenas un artificio soporífero que busca encontrarle un cauce a la rebaba excesiva de la palabra. El elogio sabe más de la lógica mercantil que de la gratuidad de lo perecedero. Por eso el funcionamiento de tus opiniones no modifica sustancialmente el fulgor de lo que motiva este inútil gesto.
A mí tampoco me gusta lo que escribo. En eso coincidimos. Y no hago ostentación de la florida vacuidad de mi prosa, y mucho menos estoy interesado en que prolifere este sonido. Imagino que en esto también estarás de acuerdo: nuestra vida en general es bastante incomprensible e intrascendente. ¿Acaso no resulta un poco torpe el cultivo del cuerpo, tantas inversiones diseñadas para un futuro que, de algún modo, es ilegible? Formación académica, gimnasios, televisores, pastillas, tradiciones, dietas, barbijos, banda ancha, prepagas, familia, relojes. El abismo es demasiado concreto y próximo como para ilusionarse con el pasado mañana.
Te lo dijo bajito, antes de que lo grite: tampoco me gusta tu cara. Es por eso que necesito que sigas mandando a callar mis estertores. Si prefiriera tus panegíricos antes que tus puñales, me quedaría en un rincón de la noche, con el mentón sobre el pecho y pidiendo perdón por haber nacido sin talento y con escaso deseo de recorrer el camino que desemboca en el horizonte.
Una alabanza es apenas un artificio soporífero que busca encontrarle un cauce a la rebaba excesiva de la palabra. El elogio sabe más de la lógica mercantil que de la gratuidad de lo perecedero. Por eso el funcionamiento de tus opiniones no modifica sustancialmente el fulgor de lo que motiva este inútil gesto.
A mí tampoco me gusta lo que escribo. En eso coincidimos. Y no hago ostentación de la florida vacuidad de mi prosa, y mucho menos estoy interesado en que prolifere este sonido. Imagino que en esto también estarás de acuerdo: nuestra vida en general es bastante incomprensible e intrascendente. ¿Acaso no resulta un poco torpe el cultivo del cuerpo, tantas inversiones diseñadas para un futuro que, de algún modo, es ilegible? Formación académica, gimnasios, televisores, pastillas, tradiciones, dietas, barbijos, banda ancha, prepagas, familia, relojes. El abismo es demasiado concreto y próximo como para ilusionarse con el pasado mañana.
Te lo dijo bajito, antes de que lo grite: tampoco me gusta tu cara. Es por eso que necesito que sigas mandando a callar mis estertores. Si prefiriera tus panegíricos antes que tus puñales, me quedaría en un rincón de la noche, con el mentón sobre el pecho y pidiendo perdón por haber nacido sin talento y con escaso deseo de recorrer el camino que desemboca en el horizonte.
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(dijo Diego, imagino que Fabi no opina lo mismo, así que no lo insulten a él)
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